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lunes, 25 de abril de 2011

ESTUDIO BIBLICO "LA REALIDAD DE DIOS"

LA VIDA DEL ESPIRITU

  Toda nuestra vida la realizamos conectada a lo material, por lo tanto no tenemos conocimiento ni contacto con la vida de Dios. Eso nos mantiene lejos de la realidad de Dios.

Dios  es  Espíritu;  y  por  tanto,  todo  lo  que  se relaciona con El, tiene que llevarse a cabo en el espíritu.

¿En qué consiste la realidad espiritual? El señor dijo:Dios es Espíritu; y los que
le adoran, en  espíritu  y con  verdad  es  necesario que adoren (Jn. 4:24).

La palabra  verdad también  significa  realidad.  El  Señor  dijo: Pero  cuando venga el Espíritu de realidad, El os guiará a toda la realidad (Jn. 16:13).

Y en 1 Juan  5:6  dice:  Y  el  Espíritu  es  el  que  da  testimonio;  porque  el  Espíritu  es  la realidad.  

el  Espíritu Santo sustenta todo lo espiritual, así que lo que esté separado del Espíritu, viene a ser letras y obras lo cual es muerte. Para que lo espiritual sea real, vivo y orgánico,  debe  estar  en  el Espíritu  Santo,  el cual  nos  guía  a toda  realidad.  

En consecuencia, lo que recibimos por medio de los oídos, la mente, las sensaciones o de cualquier experiencia que adquiramos sin ser guiados por el Espíritu Santo, no es realidad espiritual, solo natural.

La realidad y la vida van juntas. Por consiguiente, si alguien quiere conservar la vida espiritual, debe prestar atención a la realidad espiritual.

EJEMPLOS:

En Juan 4 dice: Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren (v. 24). Ya dijimos que la palabra verdad tiene el mismo significado que realidad. Los que adoran a Dios, deben adorarlo en espíritu, ya que lo lo que procede del espíritu  es auténtico.

No hay otra manera de tocar la realidad espiritual. ¿Qué es la realidad? Es tocar a Dios en el espíritu, pues sólo lo que procede del espíritu es genuino.

La sangre del Señor Jesús, la cual limpia nuestra conciencia es otro ejemplo. Si lo  vemos  desde  el  punto  de  vista  humano,  esto  es  algo  imposible.  Cuando  el Señor Jesús  fue crucificado, ¿poa  alguien  tomar la sangre  que El derra y rociarla sobre sí a fin de limpiar su conciencia? No. El Espíritu Santo, quien es el ejecutor de todas  las  cosas  espirituales, limpia nuestras  conciencias, no con  la sangre física del Señor, sino con su realidad espiritual. En el Espíritu Santo está toda la realidad; así que cuando tocamos esta realidad, tocamos la vida. Pero si lo único que tocamos son doctrinas, el resultado es muerte.

Cuando el  Señor  Jesús  estuvo  en  la  tierra,  los  hombres  lo  conocían  según  la apariencia  física;  no  tuvieron  un  conocimiento  interior  de  Él.  

Los  judíos  conocían  al  Señor  Jesús  físicamente  y,  debido  a  eso,  desde  el principio mostraron una actitud arrogante. Por eso decían: ¿No es éste Jesúsel  hijo  de  José,  cuyo  padre  y  madre  nosotros  conocemos? (Jn.  6:42).  

En Cesárea de Filipo, el Señor preguntó a los  discípulos: ¿Quién dicen  los hombres  que es  el Hijo del Hombre? Ellos le dijeron: Unos, Juan el bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o uno  de  los  profetas (Mt.  16:13-14).  

El  Señor  dijo claramente:  Y  a  dónde  Yo  voy,  ya  sabéis  el  camino.  No  obstante,  Tomás replicó:  Señor,  no  sabemos  a  dónde  vas;  ¿cómo,  pues,  podemos  saber  el camino? (Jn.  14:4-5).  Jesús  le  respondió:  Si  me  conocieseis,  también  a  Mi padre  conoceríais;  y  desde  ahora  le  conocéis,  y  le  habéis  visto.  Felipe  le  dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta (vs. 7-8). Tomás y Felipe sólo conoan a  Jes  como  el  nazareno.  Tomás  no  le  conoa  como  la  vida,  y  Felipe  no  le conocía como la corporificación del Padre. Aunque estaban todo el tiempo con el  Señor,  el  conocimiento  que  tean  de  El  era  externo;  no  habían  tocado  la realidad.


Sin  revelación,  aunque  comiéramos,  bebiéramos,  camináramos  y  viviéramos con el Señor Jesús; no sabríamos quién es El. Sin revelación, el conocimiento de Cristo  es  superficial,  histórico  y  según  la  carne.  Para  conocer  a  Cristo  de  una manera  verdadera  e  interna,  necesitamos  una  revelación  como  la  que  Pedro recibió.

Pablo  dijo:  De  manera  que  nosotros  de  aquí  en  adelante  a  nadie  conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así (2  Co.  5:16).  

El Señor dijo: Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida (Jn.6:63). 
Por tanto, una vez que tocamos al Espíritu Santo, tenemos vida; porque todo lo que procede de El es vida. Es imposible que uno no reciba vida cuando toca al Espíritu Santo. Tocar la realidad es recibir vida. Unos conocen al Señor por medio de otros hombres, y otros por medio de libros; pero ya sea que lean o escuchen, el vao está en que no tocan al Señor mismo. 


El Cristo que uno recibe al leer o al escuchar, no se puede comparar con el Cristo verdadero, a quien sólo podemos conocer en el Espíritu Santo.

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